Y una botella de ron

A mi me lo vais a decir. Puede que me comiera los mocos en clase e hiciera muñequitos con ellos, que dibujase en la mesa o hiciese formas en la ventana con el vaho, todo eso y alguna cosilla más, pero el día que nos enseñaron las escusas resulta que estaba presente, despierto y con un lápiz en la mano. Cuando leo según que artículos vomitados por internet sobre declaraciones de intención y manifiestos de derechos fundamentales de internet, más que entrarme ganas de inventar un bandera mundial y colgármela en la habitación con la leyenda. “yo soy habitante del universo habido y por haber”, se me antoja petarle el goofie-globo al niño más cercano y no volver a dejar propina nunca más. Me jode bastante que internautas de domicilio se respalden con primas falacias y absurdas escusas a la hora de justificar sus fechorías en la red. Chorradas que insinúan la descarga como fuente necesaria para el cambio. En una cosa estamos de acuerdo, todos arrasamos con los verdes campos de información plantados en internet, nos revolcamos, contamos estrellas, arrancamos amapolas y de vez en cuando nos meamos para que crezcan un poquito más. La diferencia entre la gente que chupa del bote y yo es que moi es un poco más honrado. Cuando voy a una boda y me como los dos últimos canapés y luego me miran mal, me cayo la boca y voy a por el champán. Que quieres que te diga, esto es la guerra. Pero cuando en el banquete aprovecho la ausencia de los novios, que muy fantásticamente nos deleitan con un “pajaritos por aquí” en plena zona de baile, y me meto entre pecho y espalda su trozo de tarta, eso my friends es una vil traición. No voy y les digo, “habértela comido antes”, o, “dile al suegro que te la guarde mejor”.

Es cierto que vivimos en un mundo exponencial, todo avanza rápido, desde los ordenadores a cualquier chorrada que se te ocurra que tenga circuitos. No cabe duda de que el negocio está en la red, nosotros lo sabemos y por tanto ellos lo saben, es solo cuestión de tiempo, y no mucho os lo aseguro. De esta forma, la escusa del dinero, sucios tramposos, pronto os dejará en carne viva. Y cuando Chipiklander Agramenauer, que fervientemente había abogado por una nueva industria digitalizada con ceros y unos bailando polcas, se coma con patatas la nueva comercialización online, que desde luego no va a ser gratuita, ya veremos si decide hacerse una cuenta premium en sus paginas de productoras favoritas o si continuará metiendo mano en las bragas de la red para encontrar el premio gordo.

Y no me mal interpretéis yo también salgo de picos pardos por la red, pero mientras el panorama siga igual, todos seremos lo que somos: piratas, aunque por lo visto algunos a más honra.

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